Vacaciones en Almería con perro: Cabo de Gata y la Alcazaba

No siempre es fácil viajar con perro. Mejor dicho: en la mayoría de las ocasiones es complicado ir de vacaciones con tu perro. Un ejemplo lo tenemos en Almería. Como ya conté son muchas las cosas que puedes hacer en esta ciudad andaluza junto a tu can. No todas.

La Alcazaba de Almería

Evidentemente, no pretendo entrara lugares de culto religioso con mi perra pero nunca imaginé que nos negarían en acceso a un recinto al aire libre como es la Alcazaba. Lo único que pudimos hacer es ver es la entrada y poner una reclamación/sugerencia para que en un futuro se plateen permitir la entrada a los perros. No pretendo que la perra pueda bambar a su aire pero sí que pueda pasar atada y que pongan vigilancia y multen al que no recoja los excrementos de su perro. Hay formas de hacer las cosas pero parece que lo más fácil es prohibir.

En fin, que la que veis es la única foto que puedo mostrar de la Alcazaba de Almería.

Al no poder acceder, decidimos adelantar la excursión al Cabo de Gata que teníamos prevista para el siguiente día. Acertada idea dado que este parque natural es realmente extenso: 50 kilómetros de costa acantilada.

En la primera visita, fuimos dirección El Toyo y desde allí recorrimos la costa en coche hasta La Fabriquilla.

El tiempo no acompañaba mucho. Las nubes y , sobre todo, el el aire fueron la causa de que a penas hubiera gente en las playas. La afortunada, Diana. La perra pudo correr tranquilamente por la playa.

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Al día siguiente volvimos al Cabo de Gata. Esta vez, empezamos la ruta en San José. Se trata de la barriada con mayor infraestructura turística del Parque. Desde ella se puede acceder a las Playas de Genoveses y Monsul.

Como la perra tenía el acceso prohibido a la playa fuimos andando desde San José hasta la Playa de los Genoveses (1,5 km por camino primero asfaltado y luego montañoso-donde la perra disfrutó trotando sin parar-) disfrutando de la vista de las preciosas vistas. En la siguiente galería tenéis un ejemplo de ello.

Es imposible abarcar el Parque en tan poco tiempo por lo que se ha de elegir dónde ir y qué dejar para otra ocasión. Al volver a San José y de allí en coche recorrer parte del Parque hasta llegar a Agua Amarga, un precioso pueblo pesquero con mucha vida. Comimos en La Palmera, un restaurante en primera línea de playa pero algo alejada de todo el barullo.

Con el buche bien lleno volvimos a Almería a volver a recorrer sus calles y despedirnos de sus tapas. En esta ocasión, decidimos dejar a la perra un par de horas en el hotel y entrar en un par de locales: el Jurelico y Casa Puga. El primero no lo recomiendo, el segundo, sin duda.

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Para ir con la perra, Cabo de Gata en otra época del año es un sitio perfecto. Con calor, al estar la gente en la playa íbamos muy limitados. Aún así, el viaje mereció la pena. Volveremos.

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